Un traje propio
O: un capricho
Tengo la suerte de no tener que preocuparme por un cuarto propio. No porque lo tenga asegurado, sino porque me acostumbré a no necesitarlo, porque entre períodos de trashumancia me acostumbré a ocupar poco espacio, a arreglarme con un lugar que nada más existe en mi mente. Crecer pobre me hizo mental de una manera enfermiza. Lo único que heredé fue ropa. Tengo un pullover de mi abuelo que usó mi padre en su casamiento que todavía uso.
Hay una mnemotécnica que consiste en imaginarse un espacio físico familiar y cargarlo de objetos. Imaginarlo lo más detallado posible. Asignarle a cada objeto un recuerdo, un pensamiento, una fantasía. Construirse un palacio de la memoria. El término técnico es mnemotecnia, pero resulta más contundente decirle mnemotécnica. Técnica mnémica. También existe una… ¿Cómo se llama lo contrario a una mnemotécnica? Un método para olvidar. Esperar a que aparezca un recuerdo que se quiere olvidar. Imaginar un baúl. Imaginar que el baúl atrapa el recuerdo. Cerrarlo con llave. Como el Dr. Sueño. Cuando me den el título, ¿me dirán Dr. Mnemo?
En general, todo lo que tengo lo llevo puesto. He usado pantalones cortos pero desde hace años siento que no puedo presentarme serio ante el mundo así. ¿Un doctor en pantalones cortos? He usado vestidos pero así la posibilidad de un ataque en la calle es mayor. Nunca tuve un traje. Esto es, un traje que fuera mío. Sí me han prestado piezas para trabajar o para un velorio, o he jugado a disfrazarme con ropa un traje de papá (igual que con ropa de mamá). No sé de dónde salió esa necesidad, aunque probablemente ahora tenga que ver con querer volver al pasado: tener una prenda que funcione como máquina del tiempo, que recuerde la versatilidad de tiempos previos, cuando una vestimenta podía funcionar para casi todas las situaciones de la vida cotidiana. La moda tiene ese potencial reaccionario, antirrevolucionario, de retorno cíclico y estandarizado.
El traje de tres piezas surgió en 1666: al saco y pantalón se añadió el chaleco, todos de la misma tela, para promover el comercio textil y desterrar la moda francesa de las cortes.
Los franceses, después, copiaron el estilo de las cortes inglesas por orden de Luis XIV. El Rey Sol, el que encarceló al Hombre de la Máscara de Hierro, dedicado bailarín de ballet.
En el 2021 me hice un tatuaje en la cara el día anterior a navidad. Fue una forma de jurar que nunca iba a tener un trabajo formal. Al mes me ofrecieron un puesto administrativo en la Universidad. Al año renuncié.
Alerta kafkiana: quizás el traje sea una prefiguración de mi metamorfosis, la primera etapa de una conversión en un insecto burocrático, una especie de exoesqueleto de fieltro. Tal vez tenga que ver con querer algo formal (¿podré usar la palabra formal para describir algo que tiene forma?).
En el siglo XIX Beau Brummell consolidó el diseño del traje de tres piezas de los dandis, mucho más sobrio que los aristocráticos del XVII y el XVIII.
Para mediados del XX, el chaleco empezó a desaparecer de a poco.
Quizás la necesidad del traje tendrá que ver con que me estoy amigando con mi masculinidad. Puede ser que sea un gusto adquirido con la edad, o un resabio infantil también, porque todos los héroes de mi infancia, los héroes en general, usan alguna forma de traje.
Hasta podría tratarse del hecho de que ya nadie usa trajes casi. ¿Qué digo? No. En realidad es muy sencillo. Podría ser cualquier cosa. Lo que quiero es una armadura con bolsillos. Si me canso de usarlo, simplemente puedo colgarlo desde un clavito y contemplarlo y decir: ¡yo usé eso!





